19 de junio

En nuestro primer día en Praga teníamos contratada una visita guiada (gratuita) en español con Sandeman's. Hay muchas otras compañías que ofrecen directamente sus servicios en la plaza del ayuntamiento, así que no estrictamente necesario reservarlas con antelación.

No tuvimos demasiada suerte con nuestra guía. Después de una hora aguantando lecciones de historia checa, sin comentar prácticamente nada de lo que estábamos viendo, decidimos abandonar y continuar por nuestra cuenta. Subimos a la torre del ayuntamiento (500 CHK el ticket familiar) y empezamos a darnos cuenta de que, efectivamente, los checos son de todo menos simpáticos. La persona que me vendió el billete me señala una tabla de precios y, cuando le digo lo que quiero -en inglés-, me da el billete y me despacha. No será la única.

Después de admirar las vistas, decidimos cruzar el río hacia Malastrana. Comemos en Malostranska Pivnice, típico lugar para turistas en el que caemos por no mirar el Trip Advisor. Haciendo honor a la fama de los restaurantes en Praga, nos cobran el cubierto, las rosquillas de la mesa -a precio de oro- y nos piden aparte la propina. Nuestra comida más cara en Praga (900 CHK).

Después de comer volvemos a la plaza cruzando el puente de Carlos IV y hacemos otra visita guiada, esta vez con Gorka, de Unity Tours. Mucho mejor, más dinámico y muy simpático con los niños. Vemos el barrio judío, la plaza vieja y la de Wenceslao.